A finales de los años 50, La Habana no solo era la Perla del Caribe: era la capital de las carreras de la región. Tres veces — en 1957, 1958 y 1960 — los coches más rápidos del mundo retumbaron por el Malecón, el paseo marítimo que abraza la ciudad, pasando por enormes multitudes y nombres que escribirían la historia del automovilismo. Cuervo y Sobrinos dedica ahora la Trilogía del Gran Premio de Cuba a ese capítulo irrepetible del automovilismo: tres cronógrafos suizos automáticos en edición limitada, tres carátulas inspiradas en los carteles originales de carreras, un espíritu. Precisión suiza, alma latina.

Tres carreras, una leyenda: el Gran Premio de Cuba
El Gran Premio de Cuba se celebró solo tres veces, y esa misma brevedad lo convirtió en leyenda. La primera edición, en 1957, fue ganada por Juan Manuel Fangio al volante de un Maserati 300S, zigzagueando entre las avenidas y la explanada del Malecón con el mar como barandilla. La carrera de 1958 acaparó titulares en todo el mundo incluso antes de la salida: en la víspera del evento, Fangio fue secuestrado y liberado ileso poco después, mientras que en la pista Stirling Moss se llevó la victoria. En 1960 la carrera regresó una última vez, rebautizada como Gran Premio Libertad, y fue Moss quien cruzó la meta primero, cerrando así para siempre la era de las carreras callejeras de La Habana.
Tres carreras en cuatro años, luego silencio: sin circuito permanente, sin renacimiento moderno, solo fotografías en blanco y negro, noticiarios y carteles. Esa rareza sitúa al Gran Premio de Cuba entre los capítulos más fascinantes del automovilismo de los años 50, junto a nombres como la Targa Florio y la Carrera Panamericana — con una diferencia: aquí el circuito corría, literalmente, junto al paseo marítimo de una capital.
El circuito en sí era puro espectáculo: sin circuito construido expresamente, sin zonas modernas de escape, solo la cinta de asfalto a lo largo del paseo marítimo, el muro bajo que separa la ciudad del océano y gradas improvisadas a lo largo de las avenidas. Los coches pasaban junto a edificios con columnas y fachadas pastel, con el chorro de las olas llegando ocasionalmente a la carretera. Un circuito así nunca podría dibujarse hoy: precisamente por eso sigue fascinando.
Para la Maison, esas estaciones tienen un sabor familiar. En los mismos años en que los motores rugían a lo largo del Malecón, la boutique Cuervo y Sobrinos — fundada en 1882 en La Habana por Ramón Fernández Cuervo y sus sobrinos, los sobrinos — recibía viajeros, artistas y defensores atraídos por los años dorados de la capital cubana: desde Hemingway hasta Churchill, de Einstein a Caruso. Celebrar el Gran Premio de Cuba es, por tanto, una forma de contar parte de la propia historia de la marca, no simplemente de firmar un homenaje al automovilismo.
Gran Premio de Cuba 1957
Inspirada en las legendarias carreras callejeras de La Habana a finales de los años 50, la Trilogía Gran Premio de Cuba rinde homenaje a un capítulo único en la historia del automovilismo. Cada cronógrafo de edición limitada celebra una de las únicas tres carreras celebradas — 1957, 1958 y 1960 — mediante colores distintivos, detalles vintage de competición y artesanía mecánica suiza.
Una historia en tres actos, no tres relojes sin relación
La trilogía se concibió como un solo proyecto: tres cronógrafos diseñados juntos, para leerse en secuencia como los tres actos de una sola historia. La mecánica es compartida y las proporciones idénticas, pero cada referencia tiene su propia identidad cromática y su propia producción. Si eliges uno, llevas una raza específica en la muñeca; si reúnes los tres, reensamblas todo el arco del Gran Premio de Cuba, desde el debut de 1957 hasta la despedida de 1960. Es un enfoque más cercano a la publicación que al catálogo: primero la historia y luego el producto.
Tres diales, tres carteles originales
Cada cronógrafo de la trilogía toma prestados los colores y gráficos del cartel original de la carrera que honra. Es una decisión de diseño deliberada: no un estilo genérico de carreras, sino el propio arte del cartel de aquellos años, con su tipografía, sus contrastes, su optimismo gráfico — la misma estética de mediados de siglo que la marca siempre ha vivido, desde los escaparates de la Calle de la Muralla hasta los diales actuales.
El Gran Premio de Cuba 1957 viste tonos de marrón cálido y amarillo mostaza, fieles a la ilustración de la edición inaugural: refinada, aventurera e inconfundiblemente cubana. La costura mostaza de la correa eleva la esfera, como un color de carrocería que combina con el interior de un deportivo.
El Gran Premio de Cuba 1958 opta en cambio por una audaz esfera amarilla con contadores verdes, un contraste que recuerda a los salpicaderos y deportivos de la época; Es la más atrevida de las tres, dedicada a la carrera más legendaria de la serie. Completando la trilogía está el Gran Premio de Cuba 1960, gráfico y moderno: una esfera blanca con contadores rojos, inspirada en el cartel geométrico de la última carrera jamás celebrada en La Habana. Una despedida en dos colores, tan limpia como una bandera a cuadros.
En los tres modelos, las agujas de las horas, minutos y segundos pequeños en forma de hoja conversan con la aguja de segundos con punta roja y las agujas de los minutos y horas en forma de flecha, logrando un equilibrio entre la legibilidad deportiva y la elegancia retro que es la marca de los cronógrafos de la Maison.
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Numerados según las millas de cada circuito
El detalle más fascinante de la trilogía reside en las cifras de producción. Cada edición está limitada a un número de piezas que coincidan con las millas recorridas en la carrera original: 162 piezas para 1957, 174 piezas para 1958, 202 piezas para 1960. Cada reloj está numerado individualmente, y el fondo trasero transparente de zafiro está grabado con el año de la carrera que conmemora.
Es una forma tangible de vincular el reloj a su historia: quien lo lleva en la muñeca no un guiño afectado al automovilismo, sino la distancia exacta de una carrera que ahora solo existe en la memoria y en los archivos. Y la producción contenida — 538 piezas en total repartidas por las tres referencias — sitúa la trilogía entre las ediciones limitadas más enfocadas que la marca ha propuesto jamás.
Productos por categoría
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Aga Blue Classic
4.500,00 CHF -
Edición Limitada Heritage
5.400,00 CHF -
Emilio Carranza
4.600,00 CHF -
Emilio Carranza (Copy)
4.600,00 CHF -
Gran Premio de Cuba 1957
4.800,00 CHF -
Gran Premio de Cuba 1958
4.800,00 CHF -
Gran Premio de Cuba 1960
4.800,00 CHF -
Heritage
5.300,00 CHF -
Historic Endurance
4.500,00 CHF
El corazón mecánico: el calibre Valjoux 7750
La trilogía impulsa el Valjoux 7750, el calibre de cronógrafo automático más probado en la relojería suiza: medio siglo de servicio, 28.800 vibraciones por hora y reserva de 48 horas. Es una elección coherente con el tema: como los coches que corrieron por el Malecón, este es un mecanismo robusto y fiable diseñado para durar. El peso oscilante ha sido personalizado con la forma de un volante clásico y decorado con un emblema dorado de Cuervo y Sobrinos, visible a través del fondo de la caja de zafiro: cada viento automático es, literalmente, un giro del volante.
La esfera se lee como un salpicadero: pequeños segundos a las 9 en punto, el contador de minutos a las 12, el contador de horas a las 6, junto a la pantalla de fechas. Los empujadores rectangulares de arranque/parada y reinicio añaden un toque gráfico que diferencia a la trilogía de los cronógrafos convencionales de bomba-empujador.
Funda, cristal y correa: los detalles de cerca
La carcasa de acero inoxidable de 41 mm (15,25 mm de altura) lleva un cristal de zafiro doble curvado con recubrimiento antirreflejante; la resistencia al agua está clasificada en 5 ATM, adecuada para el uso diario de un cronógrafo de inspiración clásica. La correa negra perforada de piel de ternero, inspirada en guantes de conducción vintage, refleja el color de las encimeras de cada esfera en sus costuras — mostaza para 1957, verde para 1958, rojo para 1960 — y cierra con una hebilla plegable de acero inoxidable grabada con el emblema CyS.

Cada elección refleja el savoir-faire suizo del taller del Capólago, a orillas del lago Lugano, donde la precisión helvética y el alma latina han convivido desde 2008: montaje cuidadoso, acabados revisados uno a uno y una garantía de cinco años en cada reloj.
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Gran Premio de Cuba 1960
Inspired by the legendary Havana street races of the late 1950s, the Gran Premio de Cuba Trilogy pays tribute to a unique chapter in motorsport history. Each limited-edition chronograph celebrates one of the only three races ever held—1957, 1958, and 1960—through distinctive colors, vintage racing details, and Swiss mechanical craftsmanship.
A contemporary expression of speed, elegance, and Havana’s enduring spirit.
Delivery from July.
2 disponibles
Para quienes viven el tiempo como raza
La Trilogía del Gran Premio de Cuba habla de dos pasiones que a menudo comparten la misma muñeca: el amor por el cronógrafo mecánico y la fascinación por la historia de las carreras. Es el reloj del coleccionista que comprende el valor de una producción significativa, del entusiasta del patrimonio que reconoce en el Malecón un circuito que nunca podrá repetirse, de cualquiera que curiosee por las últimas novedades de la Maison en busca de una pieza destinada a no volver jamás. En la muñeca funciona con igual facilidad bajo el puño de la camisa y sobre una manga de ante: un cronógrafo que es luciente en sus referencias y elegante en sus proporciones.
Como todos los relojes Cuervo y Sobrinos, estos cronógrafos llegan en la emblemática caja de humidor, un guiño a la cultura cubana del puro que ha acompañado a la marca desde su nacimiento. Tres carreras, tres carteles, tres ediciones numeradas: el tiempo cubano vuelve a correr.










